Una familia de perros con alma de soldados. El «Día del Animal», los ovejeros de la sección Perros de Guerra de la Fuerza Aérea fueron condecorados por sus servicios.
Como un buen soldado de vocación, Lobo espera con entusiasmo el trabajo de instrucción y disfruta los movimientos vivos como si fueran un juego.
La voz de mando le ordena que empiece la rutina y él encara con decisión las vallas dispuestas en fila india y las supera sin inconvenientes con saltos sincronizados. Con igual destreza y esmero, atraviesa un aro y luego otro envuelto en llamas. Al final del ejercicio, recibe el elogio de su tutor y regresa al punto de partida.
Allí esperan su turno los otros nueve integrantes de uno de los cuerpos especiales de la Fuerza Aérea Argentina.
Entre los camaradas, se cuentan su hijo Ranquel, su “nuera” Laika y sus nietos Celta y Cambá.
Lobo es la cabeza de esta familia de perros ovejeros alemanes con alma de soldados. Y también, el decano y líder de la jauría de la sección Perros de Guerra de la Escuela de Suboficiales de la Fuerza Aérea.
Eduardo Daghero, director de ese instituto de formación técnico militar–ubicado en el kilómetro 5 de la Avenida Fuerza Aérea–, no oculta la estima especial que siente por el grupo de canes.
Afecto entrañable
“Como veterano de Malvinas, recuerdo el valioso aporte de los perros de guerra en las islas durante aquel conflicto bélico; dos de ellos murieron en un bombardeo”, comenta el comodoro. “Por eso el apoyo y compromiso personal para que esta sección sea la más importante de las de Perros de Guerra de la Fuerza Aérea en todo el país”, destaca el oficial.
Daghero evoca así al grupo de 20 canes que tuvo su bautismo de fuego en la guerra de 1982, integrando un escuadrón de Infantería de Marina.
En tiempo de paz, estos “verdaderos soldados tienen una actividad muy intensa”, apunta Maximiliano Magallanes. “Además de las prácticas habituales de adiestramiento, participan en jornadas de puertas abiertas o en exhibiciones de destreza afuera del complejo castrense de camino a Villa Carlos Paz”, agrega el oficial.
La última salida del grupo fue a la Residencia Geriátrica Guarnición Aérea Córdoba. En ese establecimiento, los guías y sus adiestrados animaron un momento de esparcimiento para los pensionados, quienes además de alojamiento, reciben atención médica integral y ayuda espiritual en el hogar para adultos mayores.
La Sección Perros de Guerra está conformada por Lobo, Ranquel, Laika, Celta, Cambá, Uma, Malvina (todos de raza ovejero alemán) y los schnauzsers Caleb e Íkaro. Cada uno de ellos tiene un guía. Cumplen ese rol los soldados voluntarios Diego Rimoldi, Santiago Turbai, Martín Pérez Petruzzi, Maximiliano Guzmán, Gastón Sacco, Santiago Pereyra, Leonardo Carrizo, Gabriel Larrosa y Omar Guzmán.
Completan el equipo el médico veterinario Roberto Mulatero y el capitán Juan Gómez, jefe del escuadrón tropa.
¿Cómo le caerá a Lobo?
La dupla con más tiempo de ensamble es la de Maximiliano Guzmán y Lobo. Trabajan juntos desde hace una década.
“Lo recibí cuando era un cachorro y ojalá pueda llevármelo a casa cuando lo pasen a retiro”, se ilusiona el instructor.
La separación de ambos es inminente y esa eventualidad pesa en el ánimo del grupo. Es que Guzmán se retira este año y a Lobo le queda aún un trecho para “jubilarse”.
El guía del perro dominante de la jauría cumple 10 años como soldado voluntario, máximo tiempo permitido en condición de tal en las fuerzas armadas.
“Lobo es un perro que tiene una gran destreza táctica pese a su edad (11 años) y me parece que nos vamos a extrañar muchísimo cuando nos separemos; no quiero ni pensar en ese momento…”, dice el instructor.
Él y sus compañeros de división imaginan que el veterano manto negro también acusará en su ánimo la separación.
“Como los hombres, estos perros se entrenan para defender a la Patria. Mientras tanto, contribuyen con la seguridad de esta Escuela de Suboficiales”, aclara Magallanes.
Luego del entrenamiento, cada perro se va a descansar. A varios de ellos los espera una noche completa de trabajo. “Son los mejores rondines, porque tienen un olfato extraordinario, no se duermen y están alertas a todo, todo el tiempo”, concluye el suboficial principal.
Fuente:

La Voz (28/04)
lavoz.com.ar/node/977190
Autor:

Héctor Brondo
Periodista de Ciudadanos




